En 1997, Paul McCartney lanzó «Flaming Pie, un álbum que marcó un punto de inflexión en su carrera, tanto a nivel personal como artístico. Tras un período de introspección y reflexión, catalizado en parte por su trabajo en el mega proyecto «The Beatles Anthology,» McCartney decidió volver a lo básico y redescubrir la esencia de su creatividad. Este renacimiento resultó en un álbum que no solo rinde homenaje a sus raíces, sino que también encapsula su espíritu renovado como músico y compositor.
Para comprender «Flaming Pie», es esencial entender el contexto en el que fue creado. A mediados de los 90, McCartney estaba profundamente inmerso en la tarea de revivir y celebrar el legado de The Beatles a través de «The Beatles Anthology.» Este proyecto, que abarcó una serie documental, álbumes recopilatorios y grabaciones inéditas, permitió a McCartney reconectar con su juventud, con la camaradería y la chispa creativa que compartió con John Lennon, George Harrison y Ringo Starr.
Este viaje al pasado, sin embargo, no solo sirvió para celebrar, sino que también inspiró a McCartney a simplificar y regresar a los métodos que hicieron grande su música en primer lugar. «Flaming Pie» toma su título de una anécdota de Lennon en 1961, en la que describía cómo «un hombre bajó del cielo en una tarta llameante y dijo: ‘De ahora en adelante, la banda se llamará Beatles con una A'». Esta referencia, además de ser un guiño lúdico al pasado, simboliza la chispa de creatividad y el regreso a lo esencial que McCartney quería capturar.