El título del disco hace referencia a Dungeon Lane, una pequeña vía ubicada en Speke, Liverpool, muy cerca de los lugares donde McCartney pasó parte de su infancia. El nombre no es casual: Paul ya había mencionado “The boys of Dungeon Lane” en una maqueta inédita titulada In Liverpool durante las sesiones de Off the Ground en los años noventa.
Más que un simple ejercicio nostálgico, el álbum aborda la memoria como territorio emocional. McCartney mira hacia atrás no desde la mitificación histórica de The Beatles, sino desde la vulnerabilidad de un hombre de 83 años que revisita los paisajes, las pérdidas y las ilusiones que definieron su identidad. La crítica ha señalado que se trata probablemente del álbum más confesional de toda su discografía.